Porque hay dias...

En los que no quieres nada.. en los que quieres todo... en los que quieres estar sola... en los que quieres estar acompañada... en los que quieres callar... en los que quieres decir todo... en los que estoy bien sin ti.. y en los que me haces un poco de falta....


23.3.08

Hogar... dulce hogar

Tengo ya poco más de una semana en Lima, y siento que volví a la pecera de la que salí hace dos meses. La primera semana no la sentí, solo extrañaba a Sandra, Nabila y Gian, pero va pasando el tiempo y me extraño a mí. A veces pienso que fui más yo en los dos meses que estuve allá –incluso cuando me la pasaba siento otra persona la mayor parte del día- que en los últimos cinco años que he vivido acá.

Acá siempre tuve [y tengo] que llevar expectativas que son de todos menos mías, está bien, si quiero algunas cosas, pero quiero hacerlas a mi manera, equivocarme y que sean mis errores [aunque hasta ahora la mayoría lo son], poder por lo menos planear algo y que no me digan “NO, vas a hacer las cosas de esta o esta manera”, preferiría mil veces que me digan “ya, ya” para que no moleste.

Yo puedo decir que quiero a mi familia, pero es más fácil quererlos cuando se está lejos de ellos, cuando el mismo hecho de extrañarlos hace que se dejen de lado algunas cosas, o que simplemente terminen al colgar el teléfono y comenzar a hacer otra cosa. No sé si eso me hace una persona horrible, pero es lo siento, pienso y creo que siempre ha sido así.

Cuando estaba lejos, aunque suene feo, lo que extrañaba de acá era la comida, en serio, la comida, la comida de casa, la del menú de tres soles cincuenta, claro, uno extraña la comida, cuando lo más rico y fácil de comer es Burger King, Wendy’s y por supuesto que Mc Donald’s ya no me encanta. Extrañaba algo fresco para tomar, algo que no tuviera químicos, algo que no viniera embotellado.
Extrañaba a mis amigos, en lo que cabe extrañar a la gente con la que convives todos los días, mis amigos de la universidad, y los que no extrañas porque sabes que siempre van a estar ahí, los de siempre. Y extrañaba también a los que sé que estarán por un tiempo y que luego se irían y cuando los vea pasar diré “el [o ella] fue mi mejor amigo alguna vez”. Antes solía clasificar a mis amigos en mejores amigos, buenos amigos, conocidos y no sé cuántos grados más tenía; esa época de la vida cuando piensas que tienes más amigos que nadie y que por lo menos tienes veinte mejores amigos, porque son con los que comes en el recreo del colegio y con los que paras en el descanso del ICPNA.
Lima es Lima, mi lima gris panza de burro, con su clima humedo, sus carros inseguros, sus calles a medio construir, con ambulantes, con carretillas...Mi barrio, mi parque, mi tienda de la vuelta, mi esquina, mi todo.... y aunque me queje de ella [ porque solo te puedes quejar siendo limeña/o] me encanta esta ciudad.

y entonces???


Conocí a Gian, el 20 de diciembre del año pasado, sin embargo recién hablamos el 29 del mismo mes, en mi primer día de trabajo. Yo, obviamente había salido a bailar el día anterior, por lo que me levanté tarde para salir a tomar el bus, y mi tía me llamó para decirme que el chico que siempre la recogía pasaría por ahí y que me recogería.

Cuando vi quien era parte de mi, dijo “¿aysh, porque tuvo que ser él?”, pero estaba tan cansada, que me senté en el asiento del copiloto y arrancamos. Fuimos a dejar a su papá y luego fuimos al hotel, donde él trabajaba como house man y yo trabajaría como food runner. En el camino me enteré que él era de Colombia, de Barranquilla y no, no conocía a Shakira.

Como buen colombiano, hablaba mucho y decía poco, al menos eso pensaba al comienzo; luego vi que decía algo y finalmente prefería que hiciera a que dijera, pero en fin. Tengo que admitir que al final logro que cambiase la idea que generé de él en algún momento. Resultó ser más lindo, tierno de lo que me imaginé, y tengo que admitir que daba excelentes besos y abrazos.

La historia de Gian, remonta a Colombia, de donde tuvo que salir por lo que salen todos de allá, por cosas de la vida que al final hicieron que coincidiéramos en el mismo lugar. Cosas como esa hacen que uno caiga en cuenta de cómo son las cosas fuera de nuestra realidad. Para mí la realidad más cruda que tenía como referencia era el terrorismo de los años 80’s, Sendero Luminoso, los apagones, la corrupción del estado, temas que se extienden hasta ahora, ya que sus consecuencias todavía se ven reflejadas en nuestra realidad, y en los conflictos que persisten en nuestra sociedad. Sin embargo, con él aprendí, o mejor dicho, asimilé, que en otros lados se está peor, y sentí lo que es saber lo que el otro ha sufrido, y vi las cicatrices que eso deja. Pero resumiré su historia, porque no me siento quién para contarla, y porque no sé si deba. Alguien de su familia molestó a la gente equivocada, y luego de muchas cosas tuvieron que salir de allí e ir a USA. Me disculpo por simplificar tanto esto que acabo de escribir, pero no se me ocurre otra forma de ponerlo sin entrar en muchos detalles.

Cuando el horario nos ayudaba, o mejor dicho, me ayudaba a mí, él pasaba a recogerme para ir a trabajar, y así un día comenzamos a fumar un cigarrillo antes de entrar al hotel, ahí fue cuando empezamos a hablar más y acentué mi idea de que no decía mucho para hablar tanto, pero al menos me hacia reír, me propuso ser mi novio muchas veces, pero yo no quería involucrarme con nadie. Me iría en dos meses, y entrar en una relación bajo esas condiciones seria suicidio emocional. Pero así iban pasando los días, hasta que por fin pudo robarme el beso que tanto pedía. Y bueno, ahí empezó todo, comenzaron las llamadas, que ya habían empezado antes, pero que se intensificaron a partir de ese momento.
Lo comencé a conocer y no podemos ser personas más diferentes, pero aunque es mentira que los polos opuestos se atraen, no sé que falla en esto, coincidimos en algunas cosas, forma de ser, aunque con algunas diferencias, pero no sé, hay algo de él, no sé si me enamoré, lo dudo, porque dos meses es muy poco, pero hay algo de él que me es tan familiar, como si lo conociera de siempre, como si supiera qué hacer exactamente, como si hubiese sido instruido en dar el abrazo perfecto, decir lo preciso en el momento adecuado, pero como nada es perfecto… yo vivo acá y él vive allá: la combinación perfecta para que no funcione.

Me hubiese gustado tener más tiempo con él, aunque sé que eso no habría cambiado nada, tal vez solo hubiese empeorado las cosas, porque si ahora me hace falta, de haber pasado más tiempo con él me hubiera terminado esposada al timón de su auto para no alejarme de él, de mi colombiano tonto, pero el tonto que más me quiere.

Ahora… ahora ya estoy en Perú y él en Estados Unidos, si lo quiero volver a ver tendría q ir en Julio y luego no verlo hasta dentro de un par de años, parte de mi quiere dejarlo todo para irme allá, aunque no sé si sería por él. Pero quiero volver a verlo, estar con él, besarlo, abrazarlo, pelearnos por cualquier cosa, que se aparezca cuando no quiero verlo, y que me robe besos a diestra y siniestra. Incluso extraño su forma de manejar, y que me agarre la mano mientras íbamos a cualquier lado, que me abrace sin pena, que reconozca mi perfume, y que me mire y me diga: “¿y entonces?” de esa manera tan suya y tan colombiana.

Tengo que admitir que no sé si fue que se preocupara tanto por mí o una historia de la luna que me contó lo que me dejo como tarada y sin palabras. Pero logró hacer que la luna dejara de ser simplemente algo en el cielo, pero como en mi Lima gris siempre está nublado, últimamente no la veo, pero puedo ver las mismas estrellas que nunca vimos juntos, las que vimos por teléfono, ese aparato tan necesario que me ayuda y me mata un poco todos los días, pero ya hablaré luego de él, hoy estoy hablando de mi colombiano tonto.

Pero como ya dije, una relación así no es sana, ni fácil, ni divertida…. Porque no sé qué va a pasar el día que necesite un abrazo o hablar con alguien y él no esté ahí, que trate de encontrarlo en otros brazos, sin éxito por supuesto, o peor aún, qué va a pasar el día q yo sienta que él me necesita y yo esté a miles de kilómetros de él, el día que le quiera dar besos en la frente, o que yo necesite uno. No sé qué va a pasar ese día, pero no quiero que llegue. Por eso no quería un novio allá, por lo menos no uno como él, tan lindo, tan tierno, tan ocurrente, tan apasionado… tan colombiano. A veces me da nostalgia, porque me gustaría estar con él, verlo y hacerle compañia, porque en algún momento la medida de mi tiempo se convirtió en tiempo con él y tiempo sin él.
Sé que usé mal mi tiempo, parte de mí se arrepiente de lo que tal vez perdí, y otra piensa que fue lo mejor, porque si no a estas alturas estaría engrapada a suelo americano. Y odio no saber que va a pasar más adelante, si voy a despertar como si todo fuese un sueño o una pesadilla. Sólo me pregunto… ¿y entonces…?...

8.3.08

hi.. this is in room dinning


Bueno, ese día mi complicada realidad se volvió más complicada, conocí a esta persona, rubio, ojos verdes, no tan alto como uno se lo espera, pero si, básicamente lo que uno siempre dice querer. Era el asistente del gerente de Food & Beverage del hotel, y por cosas del destino, el que me hizo la entrevista para el hotel y el que me contrató. Luego entendería las razones de mi elección.
Bueno, el era todo lo que uno puede esperar, sin embargo, había algo de tristeza en él, algo que ni él, una persona mayor, se daba cuenta. Parte de mi se sentía tan bien en su compañía, no sé porque me sentía segura al estar en sus brazos, seguridad que di por perdida hace mucho tiempo.
Pero hablando en serio ¿en cuál mundo él me haría caso? Aparentemente… en este. Lo conocí en diciembre, como ya dije, el me entrevistó para el hotel, y luego simplemente, se convirtió en uno de los managers, por lo que si él iba en alguna dirección, yo iría en la dirección opuesta. Hasta que un día comenzamos a hablar y contra todo estigma que tuviese contra los latinos en América, se sorprendió de que tenga 19 años y me falten 2 para terminar la carrera, de que mi inglés sea bueno y que en fin, tenga metas, sueños y proyectos a largo plazo.

Contra todo pronóstico, comenzamos a salir, para terminar de darnos cuenta de que teníamos mil cosas en común, incluyendo el conocimiento de que todo terminaría en el momento que saliera de territorio americano.
No sé que tanto me quedo de él, y ciertamente espero algo le haya quedado de mi. Como despedida le escribí todo lo que había pasado con él, le puse un elefante como símbolo de que no se olvide, fotos, mi cadena –la cual obtuve de regreso, ya que me la tenía que dar sin os volvíamos a ver, como en efecto paso- y “El principito”.

La razón de que le regalara ese libro, fue que él ha sido una de las personas mayores más interesantes que he conocido, y por lo mismo, solo era capaz de ver sombreros, pero alguna vez quiso ser un camión de bomberos, prueba de que no siempre fue una persona mayor, si leyó o le dio alguna importancia a lo que le di, no lo sé.

Sé que leyó el cuaderno o al menos parte de él porque alguna vez me leyó parte de él, a lo cual respondí escondiéndome debajo de todas las sábanas y almohadas del mundo, porque nunca me ha gustado, que la gente lea lo que escribo, algo estúpido, siendo estudiante de periodismo, pero por más que quiera lo que le puse en el cuaderno, no lo puedo volver a escribir, uno porque no me acuerdo, y dos, porque en ese momento me urgía la necesidad de decirle algo, de dejarle algo tan mío que vertí en papel todo de mi.

Pero “everything comes to an end” y así fue, nos despedimos por teléfono, mientras yo compraba ropa en Macy’s. Fue tan corta, fría y llena de promesas que sabíamos que no se iban a cumplir, pero igual, fue como todo, lleno de cortesía y de un “me encantó conocerte”. Y en verdad me encantó.

guayaquil de mis amores...



Comenzaré con Sandra, mi mejor amiga, compañera de aventuras y confidente durante mi estadía en esa región extraña. La conocí el día que llegué, había escuchado tanto de ella por medio de mi papá, sin embargo, no pude vislumbrar que se pudiera dar una amistad tan fuerte, que espero trascienda en el tiempo y el espacio y, conociéndonos, es probable que en efecto, así sea. La historia de Sandra, no es un cuento de hadas, pero no quito la posibilidad de un vivieron felices por algún tiempo o fueron felices algunos días. Sin embargo, como todas las historias de acá comenzó en otro país, Ecuador.
Sandra llegó a Usa, cuando ella tenía 17 o 18 años, problemas económicos llevaron a su familia a dejar al Guayaquil de sus amores y establecerse definitivamente en New York. Vivió allí algunos años, hasta que decidió ir a Florida, donde cambiaría su vida.
Los detalles no los recuerdo bien, pero en algún momento conoció a este hombre, cuyo nombre no vale la pena mencionar, ya que le dejo solo malos recuerdos, e irónicamente lo mejor en la vida de Sandra, una niña con la cabeza llena de rulos e ideas locas, ocurrente como ella sola, y tierna y cariñosa, que con un abrazo te hacia olvidar los problemas del día.
Cuando ellas entraron en mi vida, o mejor dicho, cuando yo entre en sus vidas; Sandra salía de un amor tormentoso, de esos que te dejan marcas y heridas tan profundas, producidas por el hecho de pensar tanto y por dar todo y quedarte sin nada. Ese amor le había durado casi tres años, de los cuales, no se podía ocultar ni negar los buenos momentos, pero al hacer un balance de lo vivido, lo malo o al menos lo sufrido, ocupo más o pesó más.
Llegué en un momento, donde la desesperación nos llevó a besar sapos en una fiesta infantil, lo cual dio frutos de inmediato, ya que más tarde ese día, conoció a este nuevo hombre –peruano por supuesto- con el que podrían pasar más cosas, pienso yo, ya que a pesar de sus americanadas, es uno de los buenos, al menos espero no equivocarme. Espero que al decir esto, no ponga una ilusión en riesgo, o haga que todo quede en una ilusión, y todo termine siendo una decepción más, pero como dice Sandra, de todo se aprende, y aunque duela, es verdad. Tal vez nos llevamos tan bien, porque somos dos almas acostumbradas al dolor, a la decepción, a la soledad, al ilusionarse rápido para caer en picada a la realidad, y ver las grietas de un corazón roto en todo lo que nos rodea.
Nuestras noches pasaron sentadas en “Balcón de los Lamentos”, lugar en el que fumábamos, hablábamos, nos hacíamos compañía, escuchábamos música y ocasionalmente tomábamos. La rutina del día comenzaba a las 6 de la tarde, cuando me recogía para ir a recoger a la Mapo al daycare, y de ahí íbamos al centro comercial, y de regreso un drive through y al gas station para comprar cigarrillos o ambas cosas. Luego llegábamos a la casa y comíamos y luego salíamos al balcón, hasta q nos daban las 10 u 11 y nos íbamos a dormir. Hubo un tiempo en el que dormíamos las tres en una cama, con esa familiaridad tan natural que se daba entre Sandra, Nabila y yo.
Con Nabila podría decir que vi mil películas, pero no fue así, vimos las mismas mil veces, que es diferente, de La Sirenita a High School Musical 2, pasando por el Rey León y toda la continuación de La Sirenita. Nabila es una de las niñas más asombrosas que he conocido, aunque es un poco needy a veces, a pesar de sus 4 años, se pueden mantener conversaciones con ella, sacarla a caminar sin que haga escándalos, que come como un adolescente en pleno desarrollo, cantar a todo pulmón en el auto, y hacer comentarios como “it’s not nice when someone won’t answer the phone” luego que llamar mil veces a alguien sin conseguir respuesta. Los recuerdos más claros que tengo de la Mapo [mapo de cabeza, por la cabeza llena de rulos] son al despertar. El primero fue mi primer fin de semana en la casa de mi tía, cuando desperté con Nabila y Enzo saltando en mi cama. Y el segundo, fue en San Valentín, cuando abrí mis ojos, y vi a Nabila emocionada con un mono de peluche que decía con su caligrafía infantil “from: Nabila// to: Vanessa”. Hasta ahora por lo que me cuenta Sandra, la mapo me extraña y a veces pide que mande texts o pregunta porque no la voy a recoger al daycare.
Ya que estamos hablando de ellas, tengo que mencionar la semana sin frenos, ya que el auto de Sandra se quedó sin frenos y cada día se fueron gastando más, hasta que simplemente ya no respondían. Felizmente no nos pasó nada, no llovió, y los arregló antes de que las tres terminemos estrelladas contra algo.
Sandra y Nabila sin duda, son las personas que más extraño. Sandra siempre será mi confidente, y una de las pocas, por no decir la única, personas en las que he confiado ciegamente y no me ha fallado, y se que no fallará, una de esas pocas personas con las que congenias fácilmente y lo demás cae por su propio peso, una de las pocas personas con las que puedes ser tú mismo y no te juzgará, una de las pocas personas que valen la pena conocer. Ellas fueron las últimas personas que vi antes de mi regreso, y me alegro que haya sido así, pero sobre todo me alegro de haberlas conocido.

Lo que quedo del viaje


Ahora que ya volvi a Peru, escribire -o simplemente volveré a escribir- lo que comencé en territorio americano... y bueno, va asi....



Era una tarde lluviosa de Febrero, de esos en los que solo deseas sentarte y ver como cae la lluvia sobre todo, incluso tal vez uno mismo. El cielo estaba gris, signo inequivoco de lluvia torrencial; tan diferente al cielo al que estaba acostumbrada, donde "nublado" solo significa que estás en Lima gris panza de burro. se podia respirar la humedad del ambiente, ese olor a tierra mojada que llenaba cada espacio posible.


Me encontraba en la estación central de buses de Broward, con tantas otras personas con dirección a sus trabajos o a sus casas, cada quien ensismismado en su propio mundo, en sus problemas, en esta realidad tan absorvente y capitalista que te hace dejar de lado lo que realmente importa.


Dentro del bus, camino al Hilton Fort Lauderdale Beach Resort, ubicado en la A1A, trabajaba allí desde hace dos meses, tiempo en el que pude ver todas las cosas que no bien dentro del hotel, y fuera del hotel, los problemas que tenían los otros, y quizás lo infelices que eran. Sin embargo, ya llegaba la hora de volver a casa y enfrentar la realidad, pero eso no seria hasta después de dos semanas, asi que volvamos a Florida.


Llegué a conocer a tantas personas en mi viaje, que me daré el trabajo de explicarlas brevemente, sin orden prioritario, y seguro olvidando detalles o dejando de lado a alguien -y si lo hago, pido las disculpas respectivas- pero tengan la certeza de que no será a propósito.

Vida fuera de casa



Llevo una semana fuera de casa, en el lugar donde muchos quieren venir, pero una vez acá no veo porque…. En USA cada uno hace su vida, no se siente el calor de casa, que puedes sentir incluso cuando no estás en ella.
Vivo en un condominio, en Oakland Forest, no se ve mucho a las personas que viven por acá, a veces veo al niño de abajo cuando llega o va a la escuela, pero más que eso no. Puede ser porque todos van a trabajar y regresan para estar en casa o andan en el mal, pero también puede ser que el calor bochornoso que hace afuera no dé ganas de salir, porque acá está fresco adentro.
Respecto a la comida, solo puedo decir que podría morir de hambre acá. Algunas cosas si saben bien, pero no sabe igual, lo único que es rico son los fast food, pero porque saben igual acá o en el otro extremo del mundo. Felizmente ya le dije a mi papá todo lo que quiero comer una vez que regrese.
No sé cómo les estará yendo a mis amigos, los que se fueron por work and travel, pero a mí no me gusta estar supeditada a un auto y manejar millas para llegar a u market o algo. Se podría decir que extraño mis combis asesinas, mi micro cafetero, mi auto plomo y mi tráfico de ciudad pequeña.
Sobre todo creo que extraño a mis amigos. Extraño el llamar por teléfono y conseguir que alguien me vaya a buscar, no dudo que acá también pueda hacer amigos, pero no encuentro gente.