Tengo ya poco más de una semana en Lima, y siento que volví a la pecera de la que salí hace dos meses. La primera semana no la sentí, solo extrañaba a Sandra, Nabila y Gian, pero va pasando el tiempo y me extraño a mí. A veces pienso que fui más yo en los dos meses que estuve allá –incluso cuando me la pasaba siento otra persona la mayor parte del día- que en los últimos cinco años que he vivido acá.
Acá siempre tuve [y tengo] que llevar expectativas que son de todos menos mías, está bien, si quiero algunas cosas, pero quiero hacerlas a mi manera, equivocarme y que sean mis errores [aunque hasta ahora la mayoría lo son], poder por lo menos planear algo y que no me digan “NO, vas a hacer las cosas de esta o esta manera”, preferiría mil veces que me digan “ya, ya” para que no moleste.
Yo puedo decir que quiero a mi familia, pero es más fácil quererlos cuando se está lejos de ellos, cuando el mismo hecho de extrañarlos hace que se dejen de lado algunas cosas, o que simplemente terminen al colgar el teléfono y comenzar a hacer otra cosa. No sé si eso me hace una persona horrible, pero es lo siento, pienso y creo que siempre ha sido así.
Cuando estaba lejos, aunque suene feo, lo que extrañaba de acá era la comida, en serio, la comida, la comida de casa, la del menú de tres soles cincuenta, claro, uno extraña la comida, cuando lo más rico y fácil de comer es Burger King, Wendy’s y por supuesto que Mc Donald’s ya no me encanta. Extrañaba algo fresco para tomar, algo que no tuviera químicos, algo que no viniera embotellado.
Acá siempre tuve [y tengo] que llevar expectativas que son de todos menos mías, está bien, si quiero algunas cosas, pero quiero hacerlas a mi manera, equivocarme y que sean mis errores [aunque hasta ahora la mayoría lo son], poder por lo menos planear algo y que no me digan “NO, vas a hacer las cosas de esta o esta manera”, preferiría mil veces que me digan “ya, ya” para que no moleste.
Yo puedo decir que quiero a mi familia, pero es más fácil quererlos cuando se está lejos de ellos, cuando el mismo hecho de extrañarlos hace que se dejen de lado algunas cosas, o que simplemente terminen al colgar el teléfono y comenzar a hacer otra cosa. No sé si eso me hace una persona horrible, pero es lo siento, pienso y creo que siempre ha sido así.
Cuando estaba lejos, aunque suene feo, lo que extrañaba de acá era la comida, en serio, la comida, la comida de casa, la del menú de tres soles cincuenta, claro, uno extraña la comida, cuando lo más rico y fácil de comer es Burger King, Wendy’s y por supuesto que Mc Donald’s ya no me encanta. Extrañaba algo fresco para tomar, algo que no tuviera químicos, algo que no viniera embotellado.
Extrañaba a mis amigos, en lo que cabe extrañar a la gente con la que convives todos los días, mis amigos de la universidad, y los que no extrañas porque sabes que siempre van a estar ahí, los de siempre. Y extrañaba también a los que sé que estarán por un tiempo y que luego se irían y cuando los vea pasar diré “el [o ella] fue mi mejor amigo alguna vez”. Antes solía clasificar a mis amigos en mejores amigos, buenos amigos, conocidos y no sé cuántos grados más tenía; esa época de la vida cuando piensas que tienes más amigos que nadie y que por lo menos tienes veinte mejores amigos, porque son con los que comes en el recreo del colegio y con los que paras en el descanso del ICPNA.
Lima es Lima, mi lima gris panza de burro, con su clima humedo, sus carros inseguros, sus calles a medio construir, con ambulantes, con carretillas...Mi barrio, mi parque, mi tienda de la vuelta, mi esquina, mi todo.... y aunque me queje de ella [ porque solo te puedes quejar siendo limeña/o] me encanta esta ciudad.









