–Lo siento mucho, fue una gran persona– dice un señor que no conozco mientras da un abrazo a alguien que acaba de perder a su padre y se aleja.
Esas palabras pierden tanto significado cuando las escuchas una y otra vez, y lo único que puedes hacer es asentir con la cabeza y decir ‘gracias’. En las últimas semanas he vivido de cerca la perdida en dos personas cercanas a mi –quizás una más que otra–, una perdida tan grande como lo es perder a un padre, y es algo que sé que no entiendo y espero no hacerlo en mucho tiempo.
A pesar de ello, crudamente puedo decir que la primera la pasé como quien cumple, con lo cual lo único que rescate fue tratar de ponerme en el lugar de otra persona y pegarme a mi papá como lapa unos cuantos días. Fue motivo de reencuentro, de unas chelas luego del velorio, de meter vicio, de todo. Sinceramente puedo decir que me afectó en algo, pero no del todo, no lo sentí, no lo viví, fui para cumplir y solo mientras los demás se quedaron.
Sin embargo, luego de menos de dos semanas me encuentro en la misma situación, pero esta vez es diferente, [tú sabes quién eres y no diré tu nombre] ni bien me enteré esa necesidad de saber que la otra persona está bien, de querer verlo, de teletransportarte a su lado. Ese ‘actuar’ por el simple hecho de ayudar, de apoyar, de dejar esa actitud pasiva de la primera vez, y hacer algo, de llamar, ir, venir, estar, simplemente estar.
Hasta ahora no hablamos del tema, me da un “no sé qué” preguntarte y escuchar todo de ti, sé lo que pasó, pero no me atrevo a preguntarte, a ver como las palabras salen de tu boca y exponerte a que recuerdes todo, por eso no te lo he preguntado. No te has dado cuenta de cómo observaba cada moviento tuyo, y trataba de aliviar tus preocupaciones, ni como lloré cuando te vi tan mal y agradecí estar con los lentes de sol. No sabes qué dejé mis problemas existenciales con Dios y le pedí mucho por ti, ni las conversaciones que tuve con tu papá encargandole mil cosas y sobre todo que te cuide, a ti y a tu familia. No me viste llegar a mi casa y simplemente llorar ni bien puse un pie en mi sala, no me viste sin dormir por pensar si tú estabas durmiendo, ni echada en mi cama escribiendo una carta cuando no tenía otra cosa más útil para hacer.
Por eso no te he dado el pésame, me he limitado a coexistir a tu lado cuando me lo has permitido, por eso sin que te dieras cuenta traté de ser fuerte para ti, por eso te hago berrinche cuando me dejas de lado y me dices "Hoy No". Pero a pesar de todo, simplemente te doy las gracias por haberme dejado estar a tu lado.










